El orador inicia su intervención condenando los graves sucesos de violencia registrados en Ceuta, que coincidieron con la presencia del presidente Aznar. Señala que las políticas de expulsión y devolución masiva, consideradas imposibles, están generando esta escalada y que la violencia ya no se limita a las personas que han entrado en la ciudad, sino que se dirige contra la comunidad musulmana local.
El discurso atribuye una clara responsabilidad al señor Vivas por mantener soluciones inviables y reclama realismo para aliviar la presión en Ceuta. Además, considera inaceptable la coincidencia entre la visita de Aznar y los incidentes estimulados por ultras radicales, y expresa la esperanza de que el Partido Popular condene de forma radical y contundente estos hechos.